Ante la actual crisis financiera del capitalismo y la necesidad de realizar ajustes presupuestarios, el portavoz del PP sólo se atrevió a decir una frase. Compare su intervención con la del portavoz de Izquierda Unida

Como consecuencia de la crisis económica, el grupo municipal de IU suscribió la presentación de un Plan de Austeridad al Pleno del Ayuntamiento. Este documento permitió al portavoz de Izquierda Unida, Emilio Alvarado, hacer una reflexión sobre las causas de la crisis del capitalismo y señalar a sus verdaderos culpables. En el debate que se suscitó posteriormente el PSOE evitó entrar en honduras, mientras que el portavoz del PP sólo se atrevió a pronunciar una frase en la que obviaba el problema de la crisis.
La intervención del portavoz de IU fue la siguiente:
«Como portavoz del Grupo Municipal de Izquierda Unida quiero aprovechar esta ocasión para decir algunas palabras acerca del porqué de la crisis económica que estamos viviendo.
La crisis económica, que es de carácter internacional, se viene incubando desde los años ochenta. Es una crisis, por tanto, que se veía venir y que está muy ligada a un fenómeno que Izquierda Unida ha criticado siempre: la desregulación de las finanzas internacionales.
Es de sobra conocido que a partir de la década de los ochenta se idean instrumentos financieros basados en la especulación pura y dura, especialmente en los mercados de futuros y en los mercados de derivados. Esos instrumentos de ingeniería financiera fueron saludados por todos los liberales del mundo dando origen a una concepción ultraliberal de la economía que defiende un capitalismo salvaje en el ámbito de las finanzas, así como un predominio de la economía financiera sobre la economía real y material, hasta el punto de que los desarreglos de la economía financiera, como hemos podido comprobar, ponen en peligro la economía real que es la que produce empleo y genera riqueza colectiva.
Desde mediados de los años noventa determinadas voces de la izquierda señalan que este era un problema importante que se estaba incubando y que, tarde o temprano, iba a explotar. En ese decenio algunos economistas de reconocido prestigio y muchas obras publicadas nos advirtieron premonitoriamente de lo que podía ocurrir. Pero estas voces o no fueron bien entendidas o no fueron atendidas en lo que merecían.
La izquierda ha luchado por la necesidad de regular las finanzas internacionales, por ejemplo mediante la aplicación de la Tasa Tobin. En España Izquierda Unida defendió prácticamente en solitario su necesidad y creemos sinceramente que, de haberse aplicado entonces, nos habríamos ahorrado muchos sufrimientos. Y, del mismo modo, hemos luchado contra la lacra de los paraísos fiscales porque forman parte del mismo entramado económico perverso que nos está llevando a la ruina.
Al final, la crisis ha adquirido tal dimensión que los poderes públicos han intervenido masivamente en las finanzas privadas. No nos cabe la menor duda de que los poderes públicos están poniendo recursos económicos procedentes de los impuestos de los trabajadores, que inmediatamente se transformarán en déficit público, para otorgar solvencia y liquidez a los bancos que han incurrido en prácticas financieras inaceptables. Por otro lado, esos comportamientos de riesgo tan nocivos no han conducido aún a que se exijan responsabilidades a quienes decidieron llevarlos a la práctica. Todavía estamos esperando que algún banquero o algún gestor de fondos de inversión comparezca ante un tribunal para dar cuenta de sus decisiones erradas y culposas.
Para recapitular, como decía antes, hemos asistido a una intervención masiva sobre la banca, con recursos públicos, para sacarla de una situación muy difícil que comprometía la estabilidad de la economía mundial. Seguramente esta intervención era ineludible pero, desde luego, podría haberse realizado de otra manera. En Izquierda Unida pensamos que habría que haber ido mucho más allá. La intervención en la banca debería haber consistido no solamente en prestar dinero sino, también, en comprar acciones de los bancos intervenidos para, de este modo, lograr que los poderes públicos se convirtieran en agentes económico-financieros relevantes y que, una vez así constituidos, pudiera abrirse la posibilidad de restaurar una banca de carácter público. Si se lograse este objetivo no sólo se pondrían las bases para evitar que en el futuro sufriésemos percances financieros del calibre del actual sino que, adicionalmente, conseguiríamos revertir a favor de la sociedad parte de los beneficios obtenidos por la banca en los momentos de auge, así como orientar la inversión privada a políticas económicas de interés general. Es un sarcasmo que cuando los bancos tienen unos beneficios astronómicos ni un céntimo de los mismos repercuten en la sociedad, pero cuando los bancos tienen problemas es la sociedad, a través de sus gobiernos, la que tiene que ayudar con sus recursos a los bancos insolidarios.
De hecho hoy he escuchado la noticia de que los bancos españoles han presentado su balance de beneficios hasta septiembre y según sus propios datos han obtenido 15.000 millones de euros. Si esto es así, y no tengo razón para dudarlo, no entiendo cuál es el problema de liquidez del que todos hablan. Empiezo a no entender nada. Esta situación, aparentemente sin pies ni cabeza, unida a las especificidades de la economía española nos lleva a defender la moción que hemos presentado. Creemos que habría sido el momento de ser más ambiciosos, de ir más allá del simple rescate con recursos públicos de los bancos con problemas, de alcanzar por fin el ansiado objetivo de restaurar una banca pública eficaz y de prestigio. Porque, no lo olvidemos, hasta Sarkozy se ha declarado partidario recientemente de la existencia de una banca pública.
Esta es la posición de Izquierda Unida. No somos partidarios de dar préstamos sin garantías a unos bancos que han asumido riesgos innecesarios. No hay razón alguna para poner una parte muy importante de la riqueza nacional en manos de los bancos y de otras entidades financieras que se han comportado sin escrúpulos, y encima sin tener la seguridad de que estas medidas reactivarán la economía productiva. Préstamos y avales sí pero con garantías, y ligados a la transformación de un sector de la banca privada en banca pública».