Bellido miente, miente Bellido

De un tiempo a esta parte, la mayoría absoluta del señor Bellido vive instalada en la mentira. Esta actitud adquiere en las filas del gobierno municipal un perfil clínico, que se alcanza cuando el mentiroso, embriagado por sus fantasías, se desconecta del mundo verdadero y vive como reales sus sueños y desvaríos.
El mecanismo que lleva a la proliferación del embuste es muy sencillo: si se miente una vez y no hay propósito de enmienda, se está obligado a mentir más veces, sin tasa, para sostener lo imposible, y así hasta el punto en que la mentira lo invade todo, impidiendo distinguir la realidad del engaño, la verdad de la ficción, las sombras de los cuerpos y el humo del fuego.
Un gobierno que miente y cree sus mentiras es un gobierno que se equivoca, y que con sus errores perjudica a los administrados y, también, a los trabajadores que tiene a su cargo. Esta es la situación que vivimos en Azuqueca de Henares y que nadie se merece, por mucho que quienes la provocan arguyan que les respalda una mayoría absoluta que otorga licencia para hacer mangas y capirotes de una realidad que molesta por tozuda.
Decimos todo esto para intentar comprender por qué el señor Bellido y su gobierno se empeña en contestar las notas de prensa de IU con una sarta de mentiras aún más inverosímil que las que provocaron nuestras preguntas, cuando lo sensato por su parte sería enfrentarse a los hechos y reconocer con humildad que el error, una vez cometido, se supera pidiendo excusas y rectificando. No obstante, mientras el señor Alcalde siga empeñado en mentir, recibirá respuesta puntual de IU, tarea que, hay que reconocerlo, no por necesaria deja de ser fatigosa. Nos gustaría dedicar nuestro tiempo tiempo y el caletre a otros menesteres que reclaman la mayor atención, pero es el gobierno del señor Bellido el que nos cita de continuo en el burladero del engaño. Entremos en materia.
Reitera el señor Alcalde, sin contar toda la verdad, que la Junta pagaba a las cuatro trabajadoras municipales que van a ser despedidas. Lo hemos dicho en otras ocasiones y lo repetimos una vez más: en el caso de la bibliotecaria municipal, la Junta aportaba unos 5.000 euros anuales (el resto de la nómina, el Ayuntamiento); en el caso de la animadora sociocultural la Junta aportaba 18.612 euros anuales, por unos 10.000 el Ayuntamiento, y en cuanto a las dos trabajadoras de la ludoteca municipal, el gobierno regional aportaba 27.650 euros anuales y el Ayuntamiento 11.091 euros. Queda claro, en consecuencia, que los salarios de estas cuatro trabajadoras se nutrían de fondos municipales y de la Junta. Admitido esto, la pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿resulta posible que el Ayuntamiento se haga cargo de lo que la Junta no paga (50.000 euros al año) para mantenerlas en plantilla, sin olvidar reclamar al gobierno regional que abone todo lo que nos debe, tarea para la que el señor Alcalde nos tiene a su entera disposición? Creemos sinceramente que la respuesta a esta pregunta es sí. El señor Alcalde, en cambio, contesta que no, lo que equivale a condenar a cuatro trabajadoras municipales al paro y deteriorar servicios municipales muy importantes con los cuales se había comprometido personalmente en su último programa electoral.
Afea el señor Alcalde la conducta del Portavoz de IU, según eél incoherente, de reclamarle al gobierno municipal lo que no le pide a otros (sindicatos, asociaciones y entidades sociales). Olvida el señor Alcalde que el Portavoz de IU es concejal del Ayuntamiento de Azuqueca de Henares, detalle no menor, y que su obligación es, primero de todo, velar por el buen gobierno de su ciudad.
Si fuese Pilágoro de la Anfictionía Délfica o Archipámpano del reino del Preste Juan, se debería a la tarea de fiscalizar las decisiones de instituciones tan prestigiosas. Pero como no lo es ni se lo propone, se remanga para cumplir lo mejor que sabe con su tarea de humilde concejal de Azuqueca de Henares, aunque ello disguste al señor Alcalde y a todo su gobierno.
Niega el señor Alcalde que él considere que los trabajadores municipales son un problema, algo así como el enemigo a batir. Lamentamos decirle que ha sido él mismo el que lo ha referido en público repetidas veces. Lo sugirió en el último pleno municipal y lo ha afirmado en las dos últimas homilías que ha lanzado a un auditorio de trabajadores estupefactos que escucharon de su boca toda clase de ternos y amenazas. Debería explicar el señor Alcalde qué clase de asamblea es aquella en la que sólo a él le está permitido hablar, incluso imprecar, mientras que al resto de los asistentes, trabajadores todos e imprecados incluidos, sólo se les otorga la merced de estar mudos y quietos.
Le extraña al señor Alcalde que estemos con unos trabajadores y no con otros, reprochándonos que no respetamos a las periodistas municipales como se merecen. Sobre este particular, le decimos al señor Alcalde que sus lecciones de moralina son sepulcros blanqueados, porque quien no respeta a estas trabajadoras es él. Digámoslo alto y claro: el señor Alcalde consiente y ampara que la revista municipal, que es el NO-DO del gobierno, desde junio del año pasado hasta el último número ya repartido, ha sido dirigida, redactada, supervisada y orientada por su mano derecha, persona de total lealtad política, y que por ello la revista se nos cae de las manos cada vez que abrimos sus páginas. Hemos llegado a la conclusión de que si queremos saber lo que no pasa en nuestro municipio, no hay mejor lectura que la revista Azucahica, que hace varios meses dejó de ser un medio de información municipal. Y en cuanto a la infamia de sostener que queremos perjudicar a la asociación ADA, lo que le decimos, una vez más, es que no es verdad, que él lo sabe, que lo sabe ADA y, sobre todo, los ciudadanos de Azuqueca de Henares. El señor Alcalde debería buscar excusas de mayor calidad con las que tapar su interés ilegítimo de que los ciudadanos de Azuqueca de Henares le paguen con sus impuestos un folleto de propaganda elaborado a mayor gloria de su persona, de su gobierno y de su partido.
Insiste D. Pablo Bellido en atribuirle al ERET unas facultades milagrosas que, a la vista de lo que ha ocurrido, mueven a  risa. Sabíamos que el ERET no tenía futuro, que sólo retrasaba una decisión que habría que tomar y que, independientemente de su agotamiento, no podía ser pretexto para provocar mayores injusticias. Dicho en otros términos, con ERET o sin él, al cabo, el gobierno municipal no escaparía al dilema de si mantener o no en plantilla a las cuatro trabajadoras municipales por las que se recibía la subvención perdida de 50.000 euros.
Machaca el señor Bellido en el disparate de una coordinación, entente, pacto secreto, santa alianza o como quiera llamarla, entre IU-PP-UGT-CCOO, contra su persona y su gobierno. Se queda corto el señor Bellido en su sospecha, porque a esta liga secreta unida por un enemigo común también pertenecen la Banca Rothschild, que aporta el capital, el Gran Oriente de Francia, que presta las capas, los medallones y los emblemas, y el Patriarca de Constantinopla, que ha cedido un candelabro para conferirle un aire más teatral a unas reuniones que, lástima es decirlo, languidecen con el paso del tiempo. Animamos al señor Bellido a que siga indagando en esta línea de investigación porque con ella alimentará literariamente su capacidad para fabular. En cuanto a la acusación de que IU se cuela en asambleas de trabajadores, le aclaramos al señor Alcalde que sólo vamos allí donde se nos invita, y que si los trabajadores municipales nos llaman a una asamblea asistimos a ella con respeto, para escuchar sus razones y sus inquietudes. En IU nos vestimos por los pies, no como los señores del PSOE, que dictan las normas que regulan las reuniones de otros o que impiden que los trabajadores hablen o pregunten cuando les convocan a la homilía de rigor.
Saca pecho el señor Alcalde prometiendo una obviedad: si la Junta paga su parte, contratará de nuevo a las cuatro trabajadoras. Faltaría más, ¿o es que cabe lo contrario? Nada ofrece el que se compromete a lo que está obligado. En cuanto a si hay que exigirle a la Junta lo que nos debe, es evidente. Y no sólo los 50.000 euros, sino el total, que asciende a siete millones, deuda que compromete gravemente nuestra liquidez futura.
Terminemos. Aún se está a tiempo de no añadir a una injusticia (la de la Junta) una infamia (la municipal). El gobierno del señor Bellido debe mantener en sus puestos de trabajo a las empleadas municipales. Además, debe restaurar los lazos que ha roto, que son muchos, con los trabajadores municipales y con la oposición, porque se avecinan tiempos de extrema gravedad que requieren unión y concordia. El señor Bellido ha de hacer una cura de humildad, dejarse de prohibiciones absurdas y humillantes, abandonar las malas maneras, la actitud amenazante y olvidarse de que la mayoría absoluta es cobijo seguro de una voluntad desbocada y sin frenos. Debe pensar mucho más en términos de Alcalde que de secretario provincial de su partido. Está en su mano obrar así. Pero si no lo hace, será su responsabilidad y por ello será juzgado políticamente.