Nada que celebrar

Desde que el PP llegó al gobierno regional la sanidad ha sufrido una porción de tundas que la han dejado hecha un dolor. El responsable directo del destrozo se llama Echániz, Consejero del ramo, y la suprema, Cospedal, de nombre Dolores, Presidenta del gobierno, discípulos ambos de Esperanza Aguirre, curiales de la FAES y expertos, por tanto, en privatizaciones de hospitales, demolición de lo público y pisoteo de derechos constitucionales básicos.

Viene Echániz a nuestro pueblo a entregar al CEDT una UVI móvil y un puesto médico avanzado que se incorpora a los servicios de urgencias de Guadalajara. Para hacerlo, la Junta celebra en el Parque de la Constitución un acto inaugural de lo más inoportuno, con movimiento de coches oficiales, megafonías, seguridad pública y helicóptero, incurriendo en gasto suntuario en el peor momento posible.
Si el asunto quedara en esto sería sólo criticable,  porque siempre se han inaugurado las obras y mejoras civiles, con mayor discreción o con estrambote. Pero el acto de Echániz desborda el marco previo, los antecedentes y la jurisprudencia, convirtiéndose en reprobable.
 
Empecemos repitiendo que no está el horno social para inauguraciones y cortes de cintas, que habría que evitar como nube que trae pedrisco. Continuemos diciendo que los señores del PP, que tanto criticaban a Barreda cuando discurseaba frente a la obra novísima, incurren en lo mismo, cosa que se llama hipocresía. Y remachemos, y hete aquí lo más grave, que no hay nada que celebrar por parte de quien cierra las urgencias de los pueblos, paraliza las obras de los centros de salud, suprime camas hospitalarias, alarga las listas de espera, expulsa de la sanidad ordinaria a decenas de miles de personas, despide a trabajadores sanitarios, decreta el repago de medicinas y servicios médicos, recorta el presupuesto con saña, reduce servicios en el CEDT y privatiza hospitales públicos convirtiendo la salud en mercancía y la enfermedad en negocio.
Dirá Echániz que tiene derecho a inaugurar lo que le dé la realísima y dar bombo y platillo a sus decisiones. Nosotros le decimos que no, mayormente porque si hubiera dicho la verdad en campaña hoy no sería Consejero, ni volaría en helicóptero ni tendría nada que inaugurar.
Si tanto le gusta al señor Echániz el contacto con el pueblo, le pedimos que se apañe una escalera de pintor y se vaya con ella a la plaza pública, se encarame y lance la soflama justificativa del recorte sanitario, a pecho descubierto, como se hace en otras latitudes sobre temas variopintos, sondeando el ánimo del común. A lo mejor convence a un pueblo que ya no se contenta con un par de pancetas y más plaza mayor. Consejero, ¡suerte y al toro!
Definitivamente, bajo el mandato del señor Echániz no hay nada que celebrar sino mucho que lamentar.