La Gürtel y los cuarenta ladrones (acusados por el juez Ruz) del PP

Después de seis años de investigación y de la vengativa e injustísima defenestración del primer juez que le intentó meter mano, Baltasar Garzón, concluye el trabajo del juez Ruz sobre la primera parte de la trama Gürtel, esto es, desde 1999 hasta el año 2005.

El resultado de la instrucción del juez Ruz, que consta de casi 300 páginas, no puede ser más claro y bochornoso:

– Cuarenta acusados por doce delitos que tendrán que depositar fianzas de 449 millones de euros si no quieren ir a chirona.
– Los cuarenta acusados son alcaldes del PP, concejales del PP, senadores del PP, consejeros autonómicos del PP, tres tesoreros nacionales del PP, empresarios amigos del PP y un ramillete de familiares, coleguillas y enchufados del PP.
– Veintiuna empresas y sociedades (personas jurídicas relacionadas con los 40 acusados anteriormente mencionados) a las que se abre juicio oral como responsables civiles subsidiarias.
– Juicio oral a dos personas como partícipes a título lucrativo de esta red criminal, siendo una de ellas la señora Ana Mato, exministra del PP, que sigue manteniendo escaño en la Carrera de San Jerónimo.
– Apertura de juicio oral también al PP como partícipe a título lucrativo (acusado de recibir dinero de esta red criminal) por lo que tendrá que depositar una fianza de 245.000 euros hasta la celebración del juicio. No es un detalle menor que la Secretaria General del PP presida nuestra Comunidad Autónoma y que el Presidente del Gobierno sea el máximo jefe del PP.
– Los delitos de los que se acusa a estos señores y señoras del PP se cometieron en tres comunidades autónomas, es decir, no proceden de un punto sino de varios.
– La tipología delictiva de la corrupción del PP es completa, enciclopédica, porque incurre en todos los delitos del Código Penal afectos a la misma: prevaricación, cohecho, tráfico de influencias, malversación de caudales públicos, fraude a la administración pública, delitos contra la Hacienda pública, blanqueo de capitales y etcétera.

Qué muestra lo dispuesto por el juez Ruz:

– Que la Gürtel no es una trama contra el PP, como decía Rajoy, sino una trama corrupta del PP que nos ha dejado un agujero de casi 450 millones de euros.
– Que el PP, según el juez Ruz, es una organización dedicada a la delincuencia a gran escala.
– Que el gobierno del PP debería dimitir de inmediato, porque es insostenible que soportemos a un presidente del gobierno que es presidente de una organización delictiva. Lo mismo vale para la Comunidad de Castilla-la Mancha.

El PP está podrido. Y no es un problema de cúpulas o jerifaltes. Es responsabilidad de sus bases (muy podridas también en casos oscuros) y de muchos de sus votantes que se lo han perdonado todo, incluso lo imperdonable.

Al PP la cueva de Alí Babá se le queda pequeña. Con media Gürtel la llena y aún se le amontona gente en la puerta.

Aún quedan la segunda parte de la trama del Bigotes y de Correa (las fechorías cometidas entre el 2005 y el 2009 de las que saldrán la caja B del PP y todas sus ramificaciones en forma de sobres, sedes y financiación ilegal de campañas) junto con la Púnica, los Pokemon, Valencia, Castellón, Murcia y los que ya desfilan por los juzgados, los condenados, los que van cayendo por sus delitos y los que irán apareciendo que, sumados, son muchedumbre.

Se le recomienda al PP que vaya buscando acomodo para tanto mangante en potencia en alguna región kárstica o de catacumbas, a poder ser con largas galerías.

Lo dicho, el PP es una organización delictiva. No es que tenga un par de corruptos (esto le puede ocurrir a la familia más pulcra) es que su ser es la corrupción y su patria el delito.

Al PP le ahoga tanto el peso su inmundicia que arroja inmundicia al resto. Camuflaje se le llama y si de paso se hace daño al prójimo, pues mejor.

Aquí sabemos bien de estas miserias de un partido roto, desacreditado y sin futuro, lo cual es una buena noticia, aunque aún no se conozca todo lo que estos señores y señoras guardan en la recámara.

Nada nos asombrará de ellos, ya no. Es lo que tiene estar podrido.