Unos trescientos azudenses acudimos a defender el CEDT, en acto de abrazo simbólico, convocados por el movimiento 15M.

Rodeamos el Centro de Especialidades porque la sanidad pública está en peligro de muerte, porque tenemos en la más alta estima a los servicios públicos de salud y porque, desgraciadamente, ya no podemos abrazar a nuestro viejo ambulatorio, que es ruina, obra muerta, por voluntad de Cospedal.
Hay que decirlo. Éramos pocos los ciudadanos reunidos a las puertas del CEDT. ¿Dónde estaba el resto de vecinos, esa porción de gente que reclama la mejor sanidad pública pero que, cuando hay que defenderla, no arrima el hombro?
Quizás la masa silente y camastrona, esa que tanto esperanza a Rajoy, permanecía en casa viendo la telenovela o el constante programa de chismorreo, o disfruta de salud de hierro (que los dioses se la conserven), no conoce la enfermedad, ni piensa guardar más cama que la suya cuando le llegue la hora. Allá cada cual. En esta batalla todos somos mayores y responsables de nuestros actos.
 
En Castilla la Mancha hemos tenido verdadera mala suerte. Gobierna el PP por mayoría absoluta, aunque ahora, cuando preguntas quién votó a la derecha, muy pocos contestan. Voto vergonzante se llama. A esto se añade que la Presidenta regional es Secretaria General de su partido y fanática seguidora de Esperanza Aguirre. Así que, aquí, en nuestra región, sufrimos la mezcla más inflamable: el gobierno de la derecha, la mayoría absoluta, el fanatismo de partido y la secta neoliberal. Quiere esto decir que Cospedal no va a ceder ni un milímetro en su plan ideológico de destruir los servicios públicos y pasarles los rentables a sus amiguetes y familiares, para que hagan negocio de la necesidad ajena.
Los antecedentes no pueden ser más funestos. Cospedal está privatizando hospitales, ha despedido personal sanitario, cierra camas, paraliza obras de ampliación, reduce consultas, alarga las listas de espera, pone en riesgo la vida de las personas, desatiende a los inmigrantes en situación administrativa irregular, recorta medios, suprime pruebas, mantiene lazos con las empresas que quieren convertir la sanidad en un negocio y nombra como Consejero del ramo a Echániz, que también viene del Madrid de Aguirre y que es hermano de la subdirectora de investigación de Capio Sanidad, multinacional del sector.
Además, tenemos un ejemplo muy cercano que deslumbra, Madrid, anticipo del futuro que nos aguarda si nos dejamos. Su gobierno, que más parece casa de remate, también de derechas, absolutista y neoliberal, va a privatizar toda la sanidad pública, que es un gran negocio, incluidos los ambulatorios. Al señor Consejero de la sanidad madrileña se la refanfinfla que todos los estamentos de la medicina lleven un mes de huelga oponiéndose a la atrocidad. La prueba es que se acaba de pasar  por el arco de la victoria los planes de ahorro que los médicos le proponen, compendios de cifras y detalle, aduciendo que su privatización será más ahorradora, aunque sin decir cuánto.
Definitivamente, la crisis es la excusa para rematar lo público, convertir los derechos en un negocio del que se lucrarán los cuates del PP y hacer que la sociedad retroceda a la edad de las cavernas. Esto no es una crisis. Esto es una estafa.
En la ciudad de Siena están los frescos de los hermanos Lorenzetti, pintados en el siglo XIII, la famosa alegoría del buen y del mal gobierno. En la serie de pinturas que decoran el Palazzo Publico, que componen seis escenas, se ve cómo el buen gobierno protege el bien común, la justicia y la comunidad, de lo que se derivan la paz, la seguridad, la abundancia y la alegría. El mal gobierno, al contrario, conspira a favor del interés privado, ata a la justicia, sirve a propósitos siniestros, miente, destruye la paz social y arruina la prosperidad. Siena es, además, ciudad en la que eran costumbre, por esa fechas, las defenestrazioni, es decir, los desalojos violentos de los gobernantes infames por las ventanas de los edificios del gobierno. Todo está inventado