Qué es La Calle: una publicación sin caras pero con rostro

Siempre la misma patraña. Se acercan unos comicios y aparecen en los buzones unos periódicos gratuitos que cantan las loas del PP o del PSOE, sin el soporte de las siglas que encubren porque de conocerse acabarían en la papelera por el hartazgo que provocan en la ciudadanía los del bipartito y sus mentiras.

El último buzoneado es un panfletito llamado La Calle. Tal es una hoja de propaganda al servicio del PSOE, aunque bajo la apariencia engañosa de periódico serio, para confusión de las gentes bienintencionadas que lo leerán creyendo que es un medio de información y no un panfleto malintencionado.

Es tal la desvergüenza de los que están detrás de La Calle, que nadie se atreve a figurar como responsable. Ni un nombre, ni un consejo de redacción, ni un director, ni un redactor, ni una firma, nada, el vacío, algo fantasmal excepto una página web inactiva, en construcción, el colmo.

No le basta al PSOE de Azuqueca de Henares haber convertido la revista municipal en un bodrio a su servicio, lo cual le evita dar la cara cuando engaña a mansalva. Necesita también de La Calle, porque hace muchísimo tiempo que la perdió, la calle, con escribas a su servicio que redactan las noticias al dictado de quien manda, lo cual es, además, prostitución del oficio de periodista.

Nunca leerá el lector de La Calle una noticia que perjudique o afee al PSOE, aunque las hay, y sí las que descalabran a sus adversarios, por más que se inventen o agranden.

Cuánto cuesta La Calle. De dónde sale el dinero que lo sostiene. ¿Contabiliza como gasto de partido?  Las respuestas son tan obvias que sonroja escribirlas.

La Calle es corrupción además de miserable. Es también cobardía y mentira. La Calle es el envoltorio que rodea al veneno del engaño, como el cebo del furtivo que lleva oculta la estricnina mortal.

Se queja el PSOE de Azuqueca de Henares de las manipulaciones groseras de Ignacio Villa en la televisión pública de la región, olvidando que éste tuvo un maestro llamado García Candau, gran socialista y amigo de Bono, que nos hizo una televisión autonómica casposa, infumable y mendaz como pocas.

Al menos a Ignacio Villa le vemos la cara y sabemos del paño de que está hecho, de modo que nos engañará si nos sorprende adormilados. Pero a los de La Calle sólo les vemos la careta, aunque nos den la misma estocada mortal.